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Pasión del y por el Falo: el incendio del sujeto.

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Artes Visuales

Nadia Martinovich [ Buenos Aires, 1987 ] www.nadiamartynovich.com
martinovich-nadia.blogspot.com

Mairal & Bellmer

porque yo me desierto y tú me lluvias
porque me océano y me balsas
porque me otoño y tú me hojas
porque me sótano y me alas
por eso yo te músico y me músicas
por eso yo te potro y tú me frutas
y yo te marinero y me tabernas
y yo te remolino y me lagunas
por eso yo te circo y tú me infancias
por eso te amarillo y me amarillas
y te barco y me arenas
y te astro y me noches
y te buzo y me perlas
y te campo y me flores
por eso yo te viento y tú me crines
por eso te crepúsculo y me auroras
por eso yo te cielo y tú me golondrinas

Pedro Mairal
[ Buenos Aires, 1970 ]
Por eso
Tigre como los pájaros, 1996.
www.pedromairal.com
http://pedromairal.blogspot.com.ar
Artes Visuales: Hans Bellmer [ Katowice, 1902 - París, 1975 ]

El Marica.

Escuchame, César: yo no sé por dónde andarás ahora, pero cómo me gustaría que leyeras esto. Sí. Porque hay cosas, palabras, que uno lleva mordidas adentro, y las lleva toda la vida. Pero una noche siente que debe escribirlas, decírselas a alguien porque si no las dice van a seguir ahí, doliendo, clavadas para siempre en la vergüenza. Y entonces yo siento que tengo que decírtelo. Escuchame. Vos eras raro. Uno de esos pibes que no pueden orinar si hay otro en el baño. En la laguna, me acuerdo, nunca te desnudabas delante de nosotros. A ellos les daba risa, y a mí también, claro; pero yo decía que te dejaran, que cada uno es como es. Y vos eras raro. Cuando entraste a primer año, venías de un colegio de curas; San Pedro debió de parecerte, no sé, algo así como Brobdignac. No te gustaba trepar a los árboles, ni romper faroles a cascotazos, ni correr carreras hacia abajo entre los matorrales de la barranca. Ya no recuerdo cómo fue. Cuando uno es chico, encuentra cualquier motivo para quer…

El Padre en la Clínica Psicoanalítica

Alberto Laiseca / Padre Totémico

Una flecha para cada metro: cinco metros de alto, cinco flechas. Cinco metros que distanciaban al niño de esa Cabeza:“Siempre admiré a la cabeza de mi padre: el centro de todo su poder…”Cinco metros que distanciaban el deseo de un niño, de un sujeto, con el sordo corazón de un padre cuya cabeza sólo pudo dar consejos y  órdenes.
Un niño que no pudo seguir a ese padre a quien admiraba como Dios; y –por lo tanto- un padre cristalizado, de yeso –como pensaba el hijo de sí mismo-, un padre que nunca habilitó, que nunca acompañó, que siempre se rió del síntoma de su hijo (en el doble sentido de la significación: de su hijo como síntoma y de la personalidad de su hijo). Un padre, en definitiva, que no supo ser un padre.
“Yo lo quería mucho a mi padre (…) un gigante de 5 metros de alto”.
Este cuento es –a mi gusto- el mejor de la pluma de Alberto Laiseca;  quizás porque lo juzgo el más Freudiano: recopila y resumen genialmente –poéticamente- la dificultad de ubicarse en la función Paterna; la …

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